La acción de agentes externos como microorganismos, hongos y animales, han afectado a los cultivos desde que apareció la agricultura. La aparición de malas hierbas, roedores, insectos o ácaros, suponen un coste importante en términos sanitarios. De ahí surge la necesidad de recurrir a la utilización de productos fitosanitarios, los cuales se usan para proteger y preservar la producción, su posterior recogida y almacenaje, el transporte y la distribución. Por tanto su fin no es otro que proteger la salud pública.
De forma general entran dentro de la categorización de fitosanitarios aquellas sustancias que sirven para impedir la generación de plagas y enfermedades, así como para combatirlas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye dentro de los productos fitosanitarios, fitorreguladores, defoliantes y desecantes. La diferencia principal entre productos fitosanitarios y plaguicidas es que estos últimos utilizan sustancias no vegetales como biocidas.
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